|
Desde un punto de vista del reparto de
tareas, la clave de una convivencia no radica
en la concreción de un sistema objetivamente
justo de reparto. Por dos razones: la primera,
porque la objetividad en ese ámbito
no es posible. Y segunda, porque si no es
posible la objetividad nunca será
justo el reparto. Por eso lo que debe ser
justo es el pacto no el reparto. Y un pacto
es justo cuando ambos lo consideran como
tal y mientras lo consideran como tal. Porque
el sentimiento de justicia, como todo sentimiento,
cambia con el uso y sobre todo con el abuso.
Para ilustrar las paradojas del sistema
de los pactos y repartos de las tareas de
la pareja voy a utilizar un ejemplo muy
gráfico que sirve a la vez de chiste
y anécdota.
Se trata de una mujer que lleva 20 años
fregando los platos, que le dice a su marido:
- ¡A partir de mañana fregarás
los platos tú!
Y el marido le contesta:
- ¿A qué viene eso ahora,
después de 20 años?
A lo cual la esposa responde:
- Pues, precisamente por eso.
Está claro que cada uno tiene su
'razón' pero uno la apoya en la lógica
de la tradición y la otra en la evidencia
de lo injusto de la situación y desde
la fuerza de la saturación. El modelo
les ha servido mientras les ha servido,
pero ahora deben negociar un nuevo marco
con un nuevo reparto.
Éste va a poner a prueba su capacidad
de negociación. Y en esa prueba la
pareja saldrá fortalecida o entrará
en crisis, de su madurez dependerá.
|