| De
Interés:
Estudio
Clínico
Sobre
Parejas
en Crisis |
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1- En los meses de septiembre
y enero se incrementa la demanda de tratamiento.
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El incremento de septiembre está relacionado
con los conflictos surgidos durante el período
vacacional.
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El incremento de enero está relacionado
con discrepancias surgidas durante las fiestas
de Navidad.
2- El 27% de las parejas en crisis deciden
romper la relación durante las vacaciones
de verano.
3- El 22% de las parejas en crisis deciden
romper la relación por discordias relacionales
y divergencias surgidas durante las fiestas
navideñas.
4- Entre las parejas que deciden separarse,
el 20% lo hacen de mutuo acuerdo, el 55% lo
hacen por iniciativa femenina, y el 25% lo
hacen por iniciativa masculina.
5- Sobre una muestra de 116 personas que
dejaron a su pareja para implicarse en una
nueva relación, el 48% se arrepienten
de su decisión.
6- Analizando su funcionamiento pueden
establecerse tres variables distintas de crisis
de pareja:
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Parejas divergentes
-
Parejas saturadas
-
Parejas desencantadas
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Suelen llevar 15 ó
20 años de convivencia y durante ese
tiempo cada uno de ellos ha evolucionado de
forma distinta. Cada cual tiene sus propios
intereses y durante el resto del año
están instalados en sus respectivos
proyectos vitales con la autonomía
suficiente como para que la convivencia resulte
más o menos cómoda. Hacen el
amor muy pocas veces pero ni siquiera lo encuentran
a faltar, hasta que, normalmente durante las
vacaciones, se dan cuenta de lo alejados que
están. Entonces se dicen el uno al
otro que eso no puede ser, que deben pasar
más tiempo juntos y deciden reactivar
su sexualidad con resultados muy diversos.
A unos les sirve para darse cuenta que ya
no tiene sentido mantener el vínculo
y otros deciden que vale la pena trabajar
para regenerar la relación. Estos son
los que suelen acudir en septiembre al terapeuta
de pareja. Y los otros son los que seguirán
un año más sus caminos divergentes
hasta que en una nueva ocasión en la
que se incremente el tiempo de convivencia
vuelvan a cuestionarse la relación.
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De las tres variantes suele
ser la más grave y la que presenta
peor pronóstico. Se trata de parejas
cansadas de aguantar los múltiples
conflictos aparecidos durante los años
de convivencia bien sea por cuestión
de carácter, proyecto de vida o escala
de valores. Las crisis por saturación
suelen presentarse a partir de los 5 años
de convivencia (cuando son bilaterales) o
a partir de los 10 años (cuando son
unilaterales), presentando cada una de ellas
casuísticas distintas que vamos a intentar
resumir.
Saturación bilateral
Se produce porque los dos componentes de
la pareja tienen pocas cosas en común
excepto un inicial deseo sexual que se va
deteriorando con la convivencia y los conflictos.
Como consecuencia de ello a medida que la
fase pasional se va consumiendo y los conflictos
se van acumulando, la tensión relacional
va creciendo hasta que llega un día
que ya no se soportan. Evidentemente la
crisis por saturación puede producirse
en cualquier momento del año, pero
naturalmente las vacaciones son un factor
de riesgo complementario porque, al incrementar
las horas de convivencia y con ellas las
posibilidades de roces y discrepancias,
es más fácil que las partes
alcancen su respectivo umbral de saturación
y lleguen a la conclusión de que
no tiene sentido seguir manteniendo una
relación que perjudica a ambos sin
beneficiar a nadie.
Saturación unilateral
Esta variante se produce cuando la pareja
ha conseguido su equilibrio a costa de que
una de las partes renuncie, en mayor o menor
grado, a su forma de ser para evitar conflictos
de relación. En esos casos se produce
un falso acoplamiento de pareja en el que
la parte que sacrifica su identidad va acumulando
frustración y resentimiento hasta
que al cabo de los años, llega a
la conclusión de que no vale la pena
dejar de ser uno mismo para poder estar
con el otro y decide dejar la relación
o plantear su reestructuración sobre
parámetros más igualitarios.
Las saturaciones unilaterales son más
frecuentes en las mujeres que en los hombres
porque, de acuerdo con los patrones sexistas
que han predominado en nuestra cultura,
las mujeres han sido educadas para ser pacientes
y comprensivas con la pareja, mientras los
hombres, de acuerdo con los principios de
la doble moral, se han permitido privilegios
y libertades que ya no pueden mantener por
la sencilla razón de que las mujeres
ya no las aceptan. Por eso son muchas las
que cuando llevan 15 ó 20 años
aguantando un modelo injusto de relación
entran en crisis con ellas mismas para no
entrar en crisis con sus parejas, o entran
en crisis con la pareja para poder recuperar
su autoestima, coherencia y libertad interior.
Y suele ser en las vacaciones cuando es
más patente todavía que el
sacrificio en beneficio de la armonía
de la familia no sólo es socialmente
injusto, sino altamente desestabilizador
para el equilibrio psicológico. Entonces
es cuando muchas deciden que ha llegado
la hora de actuar, lo cual siempre produce
conflictos importantes; porque en la misma
proporción que ellas están
saturadas, sus parejas están acostumbradas
a un esquema que les beneficia y al que
no van a renunciar sin oponer resistencia.
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Es
la más frecuente, pero la menos grave
de las crisis, porque suele producirse entre
parejas jóvenes que llevan pocos años
juntos, con lo cual es posible que se limite
a un problema afectivo sin implicaciones familiares
porque muchas todavía no han tenido
tiempo de tener hijos o han decidido no tenerlos.
La crisis del desencanto es una de las más
tempranas que deben afrontar todas las parejas
para consolidarse como tales y no es infrecuente
que surja ya en las primeras o segundas vacaciones
que pasan juntos. Estas parejas están
formadas por personas que se atraen físicamente
y tienen un buen nivel de acoplamiento sexual,
pero cuyas inquietudes y caracteres no son
demasiado coincidentes. Por ello, a medida
que se consume la fase pasional, que suele
durar los primeros dos o tres años,
ambos van tomando conciencia de que, salvo
para hacer el amor, prefieren pasar el tiempo
en compañía de más gente,
porque solos se aburren. No saben qué
hacer, dónde ir, o qué decirse,
por eso, a este tipo de parejas el "encanto"
de las vacaciones suele servirles para el
desencanto de la relación, aunque por
fortuna para ellos no tendrán que pasar
por un fenómeno que he calificado como
ley de saturación de la convivencia,
que es típico de las crisis de las
parejas divergentes y las parejas saturadas,
porque suele producirse en las parejas estables
de larga duración.
Ley de saturación de la convivencia
1º Los estímulos
positivos van perdiendo relevancia como
consecuencia de nuestra capacidad innata
de habituarnos a las experiencias gratificantes.
2º Los estímulos
negativos van ganando relevancia como consecuencia
de nuestra dificultad innata para aceptar
experiencias desagradables sin que nos produzcan
frustración y resentimiento.
3º La combinación
de ambos factores hace que con los años,
las virtudes de la pareja se valoren menos
y los defectos más, por lo cual cada
vez resulta más difícil hacer
una valoración positiva del balance
global de la convivencia.
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Las crisis pueden superarse cuando ambas
partes son capaces de analizar lo que está
ocurriendo y cuando en lugar de buscar culpables
prefieren buscar soluciones.
Todas las parejas tienen crisis pero no
todas las parejas entran en crisis por ello.
Por fortuna cada problema superado y cada
conflicto resuelto es una fuente de energía
importante que la pareja puede invertir
en su fortalecimiento y regeneración.
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Antoni Bolinches
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