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De Interés: Estudio Clínico Sobre Parejas en Crisis
 DATOS ESTADÍSTICOS  
Datos acumulados durante los últimos diez años sobre parejas heterosexuales.

 Número de parejas tratadas: 503
 Número de parejas que superan la crisis: 379
 Número de parejas que deciden separarse: 124

Porcentaje de separaciones por meses


 PRINCIPALES CONCLUSIONES  
1- En los meses de septiembre y enero se incrementa la demanda de tratamiento.

          - El incremento de septiembre está relacionado con los conflictos surgidos durante el período vacacional.
          - El incremento de enero está relacionado con discrepancias surgidas durante las fiestas de Navidad.

2- El 27% de las parejas en crisis deciden romper la relación durante las vacaciones de verano.

3- El 22% de las parejas en crisis deciden romper la relación por discordias relacionales y divergencias surgidas durante las fiestas navideñas.

4- Entre las parejas que deciden separarse, el 20% lo hacen de mutuo acuerdo, el 55% lo hacen por iniciativa femenina, y el 25% lo hacen por iniciativa masculina.

5- Sobre una muestra de 116 personas que dejaron a su pareja para implicarse en una nueva relación, el 48% se arrepienten de su decisión.

6- Analizando su funcionamiento pueden establecerse tres variables distintas de crisis de pareja:

          - Parejas divergentes
          - Parejas saturadas
          - Parejas desencantadas
 PAREJAS DIVERGENTES
Suelen llevar 15 ó 20 años de convivencia y durante ese tiempo cada uno de ellos ha evolucionado de forma distinta. Cada cual tiene sus propios intereses y durante el resto del año están instalados en sus respectivos proyectos vitales con la autonomía suficiente como para que la convivencia resulte más o menos cómoda. Hacen el amor muy pocas veces pero ni siquiera lo encuentran a faltar, hasta que, normalmente durante las vacaciones, se dan cuenta de lo alejados que están. Entonces se dicen el uno al otro que eso no puede ser, que deben pasar más tiempo juntos y deciden reactivar su sexualidad con resultados muy diversos. A unos les sirve para darse cuenta que ya no tiene sentido mantener el vínculo y otros deciden que vale la pena trabajar para regenerar la relación. Estos son los que suelen acudir en septiembre al terapeuta de pareja. Y los otros son los que seguirán un año más sus caminos divergentes hasta que en una nueva ocasión en la que se incremente el tiempo de convivencia vuelvan a cuestionarse la relación.
 PAREJAS SATURADAS
De las tres variantes suele ser la más grave y la que presenta peor pronóstico. Se trata de parejas cansadas de aguantar los múltiples conflictos aparecidos durante los años de convivencia bien sea por cuestión de carácter, proyecto de vida o escala de valores. Las crisis por saturación suelen presentarse a partir de los 5 años de convivencia (cuando son bilaterales) o a partir de los 10 años (cuando son unilaterales), presentando cada una de ellas casuísticas distintas que vamos a intentar resumir.

Saturación bilateral

Se produce porque los dos componentes de la pareja tienen pocas cosas en común excepto un inicial deseo sexual que se va deteriorando con la convivencia y los conflictos. Como consecuencia de ello a medida que la fase pasional se va consumiendo y los conflictos se van acumulando, la tensión relacional va creciendo hasta que llega un día que ya no se soportan. Evidentemente la crisis por saturación puede producirse en cualquier momento del año, pero naturalmente las vacaciones son un factor de riesgo complementario porque, al incrementar las horas de convivencia y con ellas las posibilidades de roces y discrepancias, es más fácil que las partes alcancen su respectivo umbral de saturación y lleguen a la conclusión de que no tiene sentido seguir manteniendo una relación que perjudica a ambos sin beneficiar a nadie.

Saturación unilateral

Esta variante se produce cuando la pareja ha conseguido su equilibrio a costa de que una de las partes renuncie, en mayor o menor grado, a su forma de ser para evitar conflictos de relación. En esos casos se produce un falso acoplamiento de pareja en el que la parte que sacrifica su identidad va acumulando frustración y resentimiento hasta que al cabo de los años, llega a la conclusión de que no vale la pena dejar de ser uno mismo para poder estar con el otro y decide dejar la relación o plantear su reestructuración sobre parámetros más igualitarios.
Las saturaciones unilaterales son más frecuentes en las mujeres que en los hombres porque, de acuerdo con los patrones sexistas que han predominado en nuestra cultura, las mujeres han sido educadas para ser pacientes y comprensivas con la pareja, mientras los hombres, de acuerdo con los principios de la doble moral, se han permitido privilegios y libertades que ya no pueden mantener por la sencilla razón de que las mujeres ya no las aceptan. Por eso son muchas las que cuando llevan 15 ó 20 años aguantando un modelo injusto de relación entran en crisis con ellas mismas para no entrar en crisis con sus parejas, o entran en crisis con la pareja para poder recuperar su autoestima, coherencia y libertad interior. Y suele ser en las vacaciones cuando es más patente todavía que el sacrificio en beneficio de la armonía de la familia no sólo es socialmente injusto, sino altamente desestabilizador para el equilibrio psicológico. Entonces es cuando muchas deciden que ha llegado la hora de actuar, lo cual siempre produce conflictos importantes; porque en la misma proporción que ellas están saturadas, sus parejas están acostumbradas a un esquema que les beneficia y al que no van a renunciar sin oponer resistencia.

 PAREJAS DESENCANTADAS  
Es la más frecuente, pero la menos grave de las crisis, porque suele producirse entre parejas jóvenes que llevan pocos años juntos, con lo cual es posible que se limite a un problema afectivo sin implicaciones familiares porque muchas todavía no han tenido tiempo de tener hijos o han decidido no tenerlos.
La crisis del desencanto es una de las más tempranas que deben afrontar todas las parejas para consolidarse como tales y no es infrecuente que surja ya en las primeras o segundas vacaciones que pasan juntos. Estas parejas están formadas por personas que se atraen físicamente y tienen un buen nivel de acoplamiento sexual, pero cuyas inquietudes y caracteres no son demasiado coincidentes. Por ello, a medida que se consume la fase pasional, que suele durar los primeros dos o tres años, ambos van tomando conciencia de que, salvo para hacer el amor, prefieren pasar el tiempo en compañía de más gente, porque solos se aburren. No saben qué hacer, dónde ir, o qué decirse, por eso, a este tipo de parejas el "encanto" de las vacaciones suele servirles para el desencanto de la relación, aunque por fortuna para ellos no tendrán que pasar por un fenómeno que he calificado como ley de saturación de la convivencia, que es típico de las crisis de las parejas divergentes y las parejas saturadas, porque suele producirse en las parejas estables de larga duración.

Ley de saturación de la convivencia

1º   Los estímulos positivos van perdiendo relevancia como consecuencia de nuestra capacidad innata de habituarnos a las experiencias gratificantes.

2º   Los estímulos negativos van ganando relevancia como consecuencia de nuestra dificultad innata para aceptar experiencias desagradables sin que nos produzcan frustración y resentimiento.

3º   La combinación de ambos factores hace que con los años, las virtudes de la pareja se valoren menos y los defectos más, por lo cual cada vez resulta más difícil hacer una valoración positiva del balance global de la convivencia.

 REFLEXIÓN FINAL

Las crisis pueden superarse cuando ambas partes son capaces de analizar lo que está ocurriendo y cuando en lugar de buscar culpables prefieren buscar soluciones.
Todas las parejas tienen crisis pero no todas las parejas entran en crisis por ello. Por fortuna cada problema superado y cada conflicto resuelto es una fuente de energía importante que la pareja puede invertir en su fortalecimiento y regeneración.



Antoni Bolinches
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